Wednesday, August 12, 2015

Telefonen Markedet

Según el “Informe mundial de tecnologías de la información” realizado por el Foro Económico Mundial, Guatemala es el 114avo país de 148 evaluados en cuanto a los precios en telefonía móvil. Éste estudio califica a los países según el precio del minuto para realizar una llamada. Todos los precios se presentan en dólares para homogeneizar los datos de cada país y ya incluyen el precio con impuestos. En Guatemala el minuto, en promedio, cuesta 0.41 dólares.  A nivel de América Latina, nos encontramos en el 13avo puesto, siendo Costa Rica el que tiene la telefonía más barata (0.09 dólares por minuto). Me parece curioso que Costa Rica, siendo el país más caro para vivir en Centroamérica, tenga la telefonía más barata del continente. Evidentemente debemos tomar en cuenta que el gobierno costarricense obliga a que Movistar Costa Rica y Claro Costa Rica no puedan tener precios más altos que la empresa de telefonía estatal, Kolbi. Sin embargo, queda totalmente demostrado lo importante que es romper con los monopolios en América Latina, ya que los que más beneficiados somos los consumidores. Por otro lado, éste estudio demuestra que la telefonía en nuestro país no es tan barata como nos hacen creer. A pesar de los beneficios que trajo la liberalización del mercado de la telefonía con la privatización de GUATEL  y con la posterior entrada de COMCEL (hoy TIGO) y Telefónica (hoy Movistar), la telefonía no se ha vuelto tan barata como en otros países de nuestro continente.

En Guatemala, las empresas telefónicas aún tienen mucho que mejorar para brindar un mejor servicio acorde a sus precios. Una de las problemáticas más grandes se encuentra al momento de adquirir un contrato. En primer lugar, las empresas de telefonía deberían de obligatoriamente explicar a qué precio están vendiendo el teléfono y si el precio incluye (o no) intereses. A la vez, considero que los celulares deberían de ser entregados ya liberados para poder ser utilizados en cualquier empresa al momento de terminar el contrato. Al final de cuentas, el teléfono es mío, y no se me debería entregar un aparato que esté sujeto a poder funcionar solo con la tarjeta sim de una sola empresa. De igual forma, no debería de ser obligatorio cumplir con un contrato de dieciocho o veinticuatro meses si no estoy conforme con el servicio que se me está dando.

Mis inquietudes en cuanto a estos temas surgieron por una plática que tuve con un tío que vive en Dinamarca. Resulta que en Dinamarca, uno de los países con los costos de vida más altos a nivel mundial, tiene leyes que obligan a que los telefonías no engañen a sus consumidores. Las telefonías danesas, están obligadas a entregar los celulares liberados, para que puedan ser usados en cualquier empresa. En suma, deben indicar al consumidor cuánto cuesta el teléfono, y en cuántas mensualidades se lo van a vender. Al mismo tiempo, se prohíbe que se obligue al consumidor a terminar un contrato, media vez haya terminado de pagar las mensualidades del móvil. La competencia entre telefonías ha hecho que los celulares se puedan adquirir en mensualidades sin intereses, y que se brinde un mejor servicio para evitar que sus clientes se muden a otras compañías. Las compañías danesas han llegado a tal punto de competitividad que ofrecen planes con llamadas e internet ilimitado en menos de veinte dólares.

Esto no sucede en Guatemala, ya que al adquirir un contrato se nos obliga a cumplirlo, aunque se nos esté dando un pésimo servicio. A la vez, nos dicen que nos “regalan el teléfono” si adquirimos cierto plan, lo que hace que los planes sean carísimos porque evidentemente de alguna forma las telefonías deben recuperar el precio del celular. Al final, los consumidores nos vemos afectados porque no estén bien claras las reglas del juego, ya que para conseguir un plan con llamadas e internet ilimitado pagamos más del triple o cuádruple, en comparación –insisto- con uno de los países con los costos de vida más altos del mundo.


No todo es culpa de las telefonías, los consumidores tenemos mucha culpa por adquirir sus servicios sin cuestionarnos las condiciones que nos ofrecen. Somos nosotros los consumidores los que debemos exigir un mejor servicio, obligando a las telefonías a que cumplan con nuestras exigencias, y no que nosotros cumplamos todas sus exigencias. Al final es el consumidor quien manda, y nada va a cambiar si nos seguimos sometiendo voluntariamente a la arbitrariedad de Claro, Tigo y Movistar. ¿Hasta cuándo nos daremos cuenta que podemos mejorar ésta situación?   

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