Caer en paradoja no es algo nuevo…
Productos regulados en Venezuela: Aceite, granos,
jugos de frutas, pasteurizados, azúcar, café, víveres varios, pollo, carne de
res, compotas, carne de cerdo, leche, enjuagues para el cabello, quesos, pan,
agua, mineral, pasta, cereales, jabón de baño, arroz, sorgo, suavizantes, enjuagues
para la ropa, maíz, harina de maíz pre cocido, crema dental, pescados, champú
para el cabello, desodorante, pañales para bebé, papel higiénico, máquinas de
afeitar, limpiadores, cloro, jabón para lavar para platos y ceras para pisos (Esta
lista incluye productos genéricos. Hay productos que aparecen como regulados en
unas presentaciones y en otras no)[1]
Acá en Guatemala vivimos bien.
Vivimos bien en comparación a lo que sucede en la Venezuela actual. Es muy
común que los chapines vayamos al mercado,
a La Torre, al Pricemart, al Wal-Mart o al Paíz cuando necesitamos algún producto
de consumo casero. Este no es el caso de los venezolanos bajo el régimen
socialista-populista de Nicolás Maduro “Datanálisis
- una encuestadora con base en Caracas, cada semana los venezolanos van en
promedio a cuatro supermercados distintos y dedican cinco horas a las compras”. Muchos
venezolanos aún no se acostumbran a hacer horas de colas para poder ingresar a
un supermercado y comprar sus productos domésticos. Ya hace un tiempo las
farmacias y supermercados privados fueron intervenidos por el Estado de bandera
tricolor. Hay que tomar en cuenta que la historia de los medicamentos es muy
similar, si no peor aún, “la
Federación Venezolana de Farmacéuticos indica que de cada 10 medicamentos que
las farmacias solicitan a los laboratorios en los anaqueles se encuentran
cuatro”. Los acaparadores les llaman, a esas personas que en su casa cuentan con
más de una docena de algún producto. Puede sonar ridículo tener tantos
alimentos en la casa pero no es lo mismo cuando tienes hijos que alimentar o
cuando necesitas pañales para tu recién nacido y en el supermercado no hay. Las casas ya no son casas, son ahora
almacenes personales.
Mientras que al parecer el presidente
Maduro se muestra un tanto “despistado” de la situación actual que está
enfrentando su país, muestra justificaciones como “el país se encuentra en un bloqueo financiero”. No hay que ser
experto para observar que las medidas
empleadas por el gobierno de turno son altamente ineficaces y aportan a un anti
desarrollo para los individuos de ese país. Como estrategia las únicas medidas
que le quedan para disfrazar los desequilibrios económicos, políticas
autoritarias y la crisis nacional es cárcel para cualquier opositor o excusas
que involucren al mundo. Como para darle una bofetada al pueblo las autoridades
venezolanas declararon esta semana que no se garantiza el nivel de
transparencia y justicia necesarios para las elecciones programadas para el
próximo mes. Se supone que en los regímenes que practican el socialismo, los
bienes están a disposición del pueblo, sin embargo en el régimen de Maduro es
prácticamente imposible cuando la moneda nacional vale absolutamente una nada,
obligando a las personas a regresar al trueque en lugar de utilizar el
intercambio tan avanzado al que ha logrado llegar la humanidad. Quizás el anti
imperialismo jamás tuvo una cara tan descarada, sin embargo al pensar en los
crímenes que Estados Unidos ha cometido contra el mundo, Maduro se rehúsa a
aceptar que se le acusa de casi los mismos delitos que su gran enemigo carga en
su conciencia: Un informe presentado este mes a la fiscalía de la Corte Penal
Internacional (CPI), 30 presuntos homicidios, 3700 detenciones consideradas
ilegales, 400 supuestos casos de tortura y 800 personas heridas[2]
son cifras significativas para saber que se está actuando mal.
Caer en paradoja no es algo nuevo para el socialismo del siglo XXI, ya que si revisamos la historia Fidel Castro se muestra muy cómodo desde su escritorio dando órdenes como un buen dictador y hablando de la igualdad económica mientras lleva consigo no uno, sino dos Rolex uno “Day-Date” y el otro un “Submariner”. Que no nos extrañe que Nicolás tenga alguna colección guardada por ahí. Hay que dudar un poco sobre si es posible que cualquier hijo de proletario puede adquirir con facilidad una de estas joyas de capitalistas dentro de un sistema como el que hoy rige a Venezuela, si no se pueden adquirir si quiera los bienes de consumo básicos.

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